Por: Mariana Bobadilla Jiménez
El crecimiento poblacional en el mundo y el incremento del uso de agua está aumentando considerablemente. Los suministros de ésta son limitados y comienza sobre ellos la amenaza de la contaminación. Para impedir una crisis, los países deberían tratar de conservar agua, reducir los índices y agentes contaminantes, regular el suministro, la demanda y los abastecimientos, así como contener el crecimiento poblacional.
Sí los países del mundo se pusieran de acuerdo en cuanto a las prioridades de necesidad humana, sin duda alguna, el agua estaría en la cabeza. En una visión utópica si éstos dirigieran todos sus esfuerzos para evitar o al menos menguar la falta del agua, entonces se reduciría la crisis que se aproxima y que en muchas partes del mundo ya está latente. Todo ello a través de la implantación de políticas y estrategias apropiadas, en el contexto de cada zona, pero con miras a un bienestar global.
En las estrategias debieran razonarse no sólo la forma de regular el agua, sino también disminuir la demanda, haciendo planes de concienciación. Por mencionar algunos casos, el uso de nuevas tecnologías como la desalinización que hace posible usar el agua de mar, también la reutilización del agua con plantas de tratamiento. Claro que cualquier medida toma consecuencias por los bemoles que conlleva cada decisión, por ejemplo, la desalinización necesita mucha energía y deja salmuera, así como las plantas tratadas ya no pueden ser de uso domestico. Sin embargo, los problemas asociados a la escasez del agua pueden ser resueltos si se abordan de manera integrada, con conocimiento y alternativas de solución, para la preservación del medio ambiente a través de la concertación dentro del interés general, gestión, la ciencia y la tecnología, reconociendo siempre que al agua es un patrimonio mundial.

